
Los Juegos de Londres nos están devolviendo a la realidad. Quizá los más jóvenes estén altamente decepcionados viendo cómo España aún no ha sumado una sola medalla, mientras países como Kazajstán, Mongolia, Uzbekistán o Moldavia ya tienen metales. Los que pertenecemos a la época de Naranjito ya estamos curados de espanto. Porque no teníamos Nadales, Gasoles ni Iniestas.
Lo normal era que nuestra selección sufriera derrotas como la de Honduras, eso sí siempre bajo el grito de guerra “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Que a estas alturas nuestro país sólo lleve un diploma olímpico es una constatación de que no somos ni tan buenos ni tan malos.
Eso sí, estamos teniendo una generación de deportistas que será irrepetible en deportes como el fútbol, baloncesto, tenis o natación sincronizada. Mucho se ha hablado y se hablará de la necesidad de potenciar la Marca España y estoy absolutamente de acuerdo. Pero no podemos vender sólo que somos unos cracks del deporte, algo evidente si tiramos de hemeroteca en los últimos años.
Creo que los españoles tenemos, además, muchas otras virtudes. Somos gente con capacidad de emprendimiento, somos solidarios, sabemos sufrir, tenemos sentido del humor,… Porque hay cosas que son pasajeras, pero otras permanecen.
A los de Turespaña les vendría bien dejar claro que somos mucho más que sol, playa y chiringuitos. Tenemos mucho que ofrecer al mundo, destruyendo así los tópicos de sevillanas y toreros. Por desgracia, cuando España juega una final deportiva uno comprueba atónito las gradas pobladas de españolitos ridículamente vestidos de esa guisa, lo que no hace más que vejar nuestra ya maltrecha imagen.
Tenemos un reto por delante para que la Marca País refleje esos valores auténticos de España, que poco tienen que ver con vivir un ciclo deportivo glorioso. Aunque, evidentemente, hay que aprovecharlo (a pesar del chándal olímpico de Bosco).
Felices vacaciones a tod@s, recargad las pilas y ¡nos vemos en septiembre!