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El Papa Francisco y el marketing

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Esta Semana Santa la pasé en Roma, una ciudad siempre por descubrir. Pero esta vez mi interés no estaba en la Piazza di Spagna ni en la Fontana de Trevi. Quería conocer el por qué del éxito de Francisco, el nuevo papa de la Iglesia católica. ¿Acaso estábamos ante una operación de marketing oculta? Quería saber, tenía ganas de verle, escucharle, seguir sus gestos,… ¿Cómo era posible que un señor argentino, bordeando los 80 -un abuelito vamos- esté mostrando una imagen tan impactante? Como me decía un amigo en plan sorna: “lo más increíble es que estemos ante un Papa, argentino y además ¡humilde!”. Y, efectivamente, ahí descubrí uno de los secretos de este hombre sin complejos: la humildad, la sencillez como elemento de atracción para propios y extraños. Ateos o creyentes.

He podido compromar in situ que no estábamos ante una orquestada campaña de imagen o una estrategia de marketing creada desde los despachos del Vaticano. En absoluto. Francisco es un señor que sigue siendo el que era, no ha cambiado un ápice su forma de comportarse. Es auténtico, genuino, sin trampa ni cartón. Es un hombre que no ha querido ni cambiarse sus zapatos de siempre ni vivir en las estancias vaticanas. Francisco, por el momento, ha preferido quedarse en la discreta Residencia Santa Marta junto al resto de la tropa, comiendo y durmiendo en iguales condiciones.  Y si me preguntáis por qué, os diré porque este señor es así. Va con el ejemplo por delante. Y de paso, creo yo, están mandando un mensaje a todos aquellos que quizá llevan años acomodados en las estancias de la Santa Sede. Tampoco fue prefabricada la imagen del Pontífice pagando el alquiler de la habitación o subiéndose en el bus con el resto de cardenales cuando fue legido… Hacía lo que creía en conciencia, ni más ni menos.

Está claro -al menos eso pienso tras lo visto- que estamos ante un papado que pasará a la historia. Francisco no es un mago ni un genio, es un hombre de Dios, pero con los pies en el suelo y la cabeza en el Cielo. Desde su unánime elección -que ningún vaticanista acertó ni por asomo- el Papa ha hablado de los pobres, los enfermos, la Cruz, la alegría, la juventud, la esperanza, el amor… Y aterrizó en el balcón pidiendo la limosna de la oración para él y su predecesor, Benedicto XVI.

Francisco es como un cura de pueblo, muy cercano, muy humano, alejado de los flases y los aplausos. Basta con escuchar su voz o sus gestos. Y en esto también me recuerda al beatificado y próximamente canonizado  Juan Pablo II. Francisco es auténtico y sus gestos le delatan (positivamente). Es impactante ver a un señor de su edad conectar con los jóvenes sin tener la presencia ni el acting de Woityla. Francisco conecta, tiene engagement, algo por lo que cualquier marca suspira.  Su espontaneidad, su sencillez, su naturalidad, su serenidad… transmite algo difícil de explicar. Este Papa acogedor da paz, y se nota a la legua que se ha pateado las calles y barrios má pobres de Buenos Aires.

No creo que a Francisco le haga falta un asesor de campaña, ni nada por el estilo. Basta con que sea fiel a sí mismo y al ministerio que le ha sido confiado. Posiblemente algunos acaben poniéndole la proa, por auqello dí las verdades y… La Iglesias necesitaba a este Papa, y estoy convencido de que no se andará con remilgos cuando haya que dar un golpe en la mesa. Y me temo que tendrá que dar más de uno.

No sé si el idilio de este Papa con los medios durará toda la vida, pero de lo que estoy seguro es que Francisco va a dar mucho que hablar (para bien). Porque es auténtico, porque es humilde.

Suerte.

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Mucho más que eventos…

Esta mañana hemos compartido un inetersante debate en la sede de El Periódico de la Publicidad sobre el mundo de los eventos. En la mesa estaban representantes de R*, Sorensen, GMR Marketing, Matadero de Madrid, Quidquid, Callao City Lights, Club para la Excelencia, Grow y Medialed. Después de más de una hora de intenso debate he podido comprobar que los problemas son los mismos de toda la vida: remuneración, interlocución, profesionalización, intrusismo, concursos masivos,…

Es curioso que un sector repleto de asociaciones siga manteniendo los mismos frentes de lucha de los últimos 20 años. Algo ocurre cuando la relación cliente/agencia continúa -en no pocos casos- debilitándose. Es evidente que todos tienen muy claro el diagnóstico, pero parece imposible encontrar una vía por donde todos circulen sin adelantamientos por la derecha o a velocidades prohibidas. Creo que las agencias están en su derecho de quejarse de clientes poco profesionales, de falta de interlocución o de remuneraciones humillantes, pero parece poco eficiente. Alguien debe coger el toro por los cuernos y torearlo, por muy bravo que sea.

Cuando nadie hace nada o todo el mundo va por libre, lo más normal es que las situaciones cristalicen y acaben siendo inamovibles. En nuestro apasionante sector publicitario llevamos mucho tiempo viendo cómo el barco se hunde, pero pocos se han remangado para sacar el agua. Más bien nadie. Cada uno ha salido corriendo en busca de su bote salvavidas pero nadie ha movido un dedo por salvar el barco. Y ahora nos encontramos en el sector de los Eventos y en todos con el agua al cuello.

De todas formas, veo luz para la esperanza. Estoy convencido -y así lo ratificaron los profesionales invitados- que tenemos igual, tanto o más talento que en mercados como el americano o el inglés. Es posible que los casi 6 años que llevamos de crisis han podido memar nuestras ilusiones, pero nadie nos puede quitar la ilusión de saber que seguimos estando ahí.

El austriaco Felix Baumgartner logró concluir con éxito su salto estratosférico desde los 39.068 metros de altitud durante nueve minutos de caída. El especialista en deportes de riesgo consiguió también romper la barrera del sonido sin ayudas mecánicas, en lo que constituye todo un récord en los límites del ser humano. Red Bull nos ha demostrado que “Yes we can”.

Prefiero ver la botella medio llena…y confío que pronto podamos verla rebosar.

Eso deseo.

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Fumatas y redes sociales

The+Pope+AppLa elección del sucesor de Benedicto XVI es hoy seguida desde todas partes. Roma se ha convertido en el epicentro informativo mundial. Sin duda, seas creyente o no, la noticia de la dimisión de Ratzinger ha caído como un jarro de agua fría entre aquellos -de dentro y fuera- que nunca pensaron que algo así pudiera llegar a suceder. Pues ha ocurrido.

Desde el punto de vista de la comunicación, contrasta la tradición en la forma de anunciar la elección del nuevo papa (con la fumata blanca y el sonar de las campanas) con medios como las redes sociales, etc. Pero el Vaticano ha reaccionado creando, por ejemplo, una práctica aplicación para smarthphones denominada The Pope APP donde te informan en directo de todo lo que acontece. Tampoco se nos escapa el esfuerzo que hace la Iglesia por actualizarse con el nacimiento de la cuenta de twitter @Pontifex, creada exclusivamente para mantener el contacto entre el papa y sus fieles.

Está claro que la comunicación y transparencia en la Iglesia es mejorable, pero no se puede dudar del esfuerzo que se está haciendo para estar en conexión con sus followers. Ahora sólo falta lograr lo que los horteras llaman engagement, que no es otra cosa que lograr “enganchar” a su gente de los cinco continentes.

Me temo que el nuevo papa va a tener que seguir pegada a la revolución mediática para no perder el tren de la evangelización. Y para eso hacen falta, en mi opinión 3 ideas: saber qué,  cuándo y cómo hay que comunicar. No dudo que lo harán…

 

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Chávez, Castro, Evo y la marcas

PINTADAS CON EL ROSTRO DEL PRESIDENTE HUGO CHÁVEZ EN CARACAS

El otro día aproveché un trayecto para escuchar la radio, un medio que me sigue pareciendo siendo mágico. Esa mañana el tema de los contertulios era la muerte de Hugo Chávez, dictador para unos y mito para otros. entrevistas a disidendes venezolanos. Lo que esta gente contaba te ponía la carne de gallina. Persecución, falta de alimento, cortes eléctricos continuos, detenciones, palizas de matones, etc.

Estaba claro que estas personas no habían abandonado su país por gusto. Algo similar a lo que ocurre en Cuba con el castrismo. En ambos casos, el control absoluto de los medios de comunicación y los favores políticos han logrado arrastrar a una masa de ciudadanos convencidos de una revolución (bolivariana en este caso) que se antoja anacrónica y surrealista para cualquier mortal. Si bien es cierta la existencia de un caldo de cultivo creado en estos países por las desigualdades sociales, la pobreza, etc. Argumento utilizado (y manipulador) en no pocas ocasiones por estos líderes políticos.

Lo curioso de todo es que para ser -como algunos dicen- “un montaje”, está muy bien guionizado. Basta con ver estos días la tremenda marea roja despidiendo el féretro del difundo Chávez. Pero no, no creo que hayan sacado a esas gentes a punta de pistola a venerar los restos de este señor. Está claro que hay algo más, posiblemente un exitoso mensaje populista-estilo Fidel Castro- dirigido a una clase social baja.

Es posible con la desaparición de estos líderes revolucionarios, el trasnochado mensaje de la lucha de clases pase a la historia. No tiene pinta de que los desfines de estos personajes estén a la altura para mantener una llama demasiado debilitada.

Ojalá pronto pueda hablarse de libertad y democracia (real) en esos países donde hoy las grandes marcas están haciendo cola para cuando se caigan los muros y existan garantías.

Espero que lo veamos. Sería una gran noticia.

Para todos.

 

 

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La última lección de Ben Affleck

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Este fin de semana tuve la oportunidad de ver Argo, a la postre ganadora del Oscar a la Mejor película en la gran noche de los Oscar de Hollywood. Debo reconocer que me gustó. Siempre he pensado que un guión, una guión original, tiene más mérito que una adaptación. Sin embargo, llevar al cine De hecho las historias basadas en hechos reales también tiene su mérito. Sobre todo si no es un nuevo cansino remake.  No es casualidad, por tanto, que uno de los 3 Oscars haya sido al Mejor guión adaptado.

El 4 de noviembre de 1979, mientras la revolución iraní alcanzaba su punto álgido, algunos militantes irrumpieron en la embajada de Estados Unidos en Teherán y tomaron 52 prisioneros estadounidenses. Sin embargo, en mitad del caos, seis de ellos logran escapar y encuentran refugio en casa del embajador canadiense. Sabiendo que es sólo cuestión de tiempo que los encuentren y, muy probablemente, los maten, un especialista de la CIA en operaciones especiales llamado Tony Mendez (Ben Affleck) urde un arriesgado plan para sacarlos del país de forma segura. Un plan tan increíble que sólo podría salir bien en una película.

Leo en ABC.es que con 25 años, Affleck era una joven promesa. Acababa de lograr su primer Oscar por el guión de El indomable Will Hunting, siendo el ganador más joven de la categoría, y los proyectos le llovían del cielo. Y ahora viene lo mejor: había trabajado desde pequeño en publicidad y en series televisivas, pero la ruleta de la fama le había puesto en el disparadero por motivos equivocados. «Me acabé convirtiendo en una broma de Hollywood. Me sentía asfixiado, miserable y sucio», aseguraba sin sensación de melancolía el actor el pasado mes de enero durante un homenaje en el festival de cine de Santa Barbara. «Así que me salí del circo. Me fui a Georgia y dejé de salir en los medios».

Ese fue el gran punto de inflexión en la carrera de Affleck, el momento en que dejó de ser un malogrado actor de la factoría de Hollywood para convertirse en una de las estrellas emergentes tras la cámara. Tras Gone baby gone y The town fueron su carta de presentación, y finalmente la industria se ha rendido a sus pies con Argo. Y una frase que todos deberíamos aplicarnos y más ahora: «Sé exactamente lo que he logrado, porque sé lo duro que he trabajado. Es la única manera de tener éxito»

Pero el éxito de Ben no era tan sencillo como algunas crónicas parecen tratar de hacer vernos. En absoluto. Este profesional ha tenido que pelear con los más grandes y con títulos que asustan.

Enhorabuena, Ben. Y gracias por recordarnos que el éxito sólo viene después de muchas horas de curro en equipo y en soledad. Quizá puede venir bien para ir pensando en los Leones de Cannes.