
En el tiempo que llevo en este apasionante mundo de la publicidad (los últimos diez años al frente de El Periódico de la Publicidad) he podido comprobar lo difícil que es lograr un equilibrio entre conseguir notoriedad y hacerse notar. Me explico. Como en cualquier trabajo con exposición y repercusión pública, he conocido publicitarios que han confundido la “personalidad” con el “personaje”. O lo que es lo mismo, el “personaje” se ha terminado comiendo a la “persona”. Hay un famoso refrán que dice que el que no vive como piensa acaba pensando como vive, y a eso me refiero. Reconozco que sólo he encontrado pocos casos patológicos, pero haberlos haylos. En debates y foros se habla de los egos, pero yo creo que esa es solo la causa de esta triste enfermedad. En las agencias todos hemos visto ya de todo: divos, vendedores de humo, supervivientes, etc. Y, por supuesto, una gran mayoría de profesionales que no han pactado con ese “personaje” tan tentador. Repito, no es algo ni mucho menos generalizado, pero todavía queda algo de esto. En el anterior post hablaba de la envidia insana, uno de los primeros síntomas para que uno se lo haga ver. Con todo, debo decir que en este tiempo he conocido gente extraordinaria, inalterables por el éxito o el fracaso, amigos de sus amigos, sinceros, honestos y respetuosos con el trabajo de los demás.
En definitiva, han sabido parar los pies a ese “personaje” que todos llevamos dentro…