
Se lleva mucho tiempo disertando sobre la marca-España y la necesidad de poner en valor la imagen de nuestro país. La agudización de una crisis que no deja coger oxígeno ha agravado una situación que empieza ser muy difícil de gestionar. La imagen que estamos dando como “país” es muy preocupante: casos de corrupción hasta en la Corona española, una clase política de poco nivel en general, el bochorno de las cajas de ahorro, etc. Vamos que casi es preferible que nos identifiquen con los toros y las sevillanas. Sé de buena tinta que el Gobierno está preparando un plan de choque para contrarrestar la mala imagen de nuestro país, pero me temo que mal vamos si sólo ponen el énfasis en la solidez de nuestras empresas, etc. Todo eso está muy bien, pero hay otros valores que sí tenemos y que no hemos sabido explotar. Es más, hasta hemos dejado que sean ridiculizados como el caso de los guiñoles de Canal + Francia. Me refiero al poder de nuestra marca en el mundo del deporte. Posiblemente, ni nosotros ni las próximas generaciones podrán volver a vivir otra época tan dorada del deporte español, con una selección de fútbol campeona del mundo, uno de los mejores tenistas del globo, una selección de básket insuperable, una generación de ciclistas sobresaliente e incluso un equipo de natación sincronizada envidiable. Pero no hemos sabido sacarle partido a tanto metal de Oro, a tanto chupar cámara subidos al pódio, a tantos titulares internacionales de botafumeiro. Ahora, con la Eurocopa en juego, volvemos a tener otra oportunidad para que Europa y el mundo vean que no somos “tan malos”. Que sabemos competir, que tenemos garra pero también cabeza, que somos un país con grandes valores, acojedor, donde nadie se siente extraño. Pero hace falta una estrategia más reflexionada y menos manipulada como la de “Esto lo arreglamos entre todos”.
O recuperamos la confianza en nuestro país o acabaremos “pidiendo la hora”, como suelen hacer los equipos mediocres. A ver si alguien recoge el testigo. Porque esta vez nos jugamos mucho: la credibilidad.