MAD WOMEN POWER

“El liderazgo es una actitud que se cultiva cada día”

Mariel Sanfiel, Data & Tech Solutions Lead en Performics Iberia, encarna la combinación perfecta entre datos, estrategia y empatía. Venezolana de origen y publicista por reinvención, ha construido su carrera desde la curiosidad, la resiliencia y la convicción de que el talento no tiene género ni fronteras. En esta entrevista comparte su visión sobre el liderazgo consciente, los desafíos de las mujeres en la industria tecnológica y la importancia de creer en una misma incluso cuando el camino no está claro

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¿Qué te inspiró a seguir una carrera en tu campo y alcanzar una posición de liderazgo?

Si te soy sincera, jamás imaginé de niña que acabaría sumergida en el mundo de los datos y la tecnología. Mi camino ha sido cualquier cosa menos lineal: lleno de giros inesperados, decisiones valientes y aprendizajes profundos. Nací en Venezuela, donde comencé mis estudios en Ingeniería Química en la Universidad Metropolitana de Caracas. Pero la situación del país me llevó a emigrar a España, y con ello, a reinventarme por completo. Elegí estudiar Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Complutense de Madrid, y fue allí donde mi historia profesional tomó un rumbo fascinante.

El punto de inflexión llegó cuando trabajé con L’Oréal, en el departamento digital de la unidad de Productos Profesionales. Fue como encender una chispa: descubrí que los datos no eran solo números, sino una fuente infinita de insights, de posibilidades, de estrategia. Me enamoré de la idea de construir narrativas y tomar decisiones basadas en lo que los datos revelaban. Desde entonces, no he dejado de aprender, de retarme, y de rodearme de grandes mentores que han sido clave en mi evolución.

En cuanto al liderazgo, creo que siempre ha sido parte de mi ADN. Me involucro al 120%, no solo en los resultados, sino en las personas. Me apasiona tomar decisiones, construir equipos sólidos y acompañar a cada miembro en su crecimiento. Siempre he valorado profundamente a quienes se tomaban el tiempo de explicarme con detalle, de asegurarse de que realmente entendiera, y de soltarme justo en el momento en que estaba lista para volar sola. Eso es exactamente lo que intento replicar con mi equipo: ser guía, ser apoyo, y también saber cuándo dar espacio para que brillen por sí mismos.

¿Cuáles han sido los mayores desafíos que has enfrentado como mujer en una posición de poder, y cómo los has superado?

Curiosamente, los mayores desafíos que he enfrentado no han estado directamente ligados a mi género. Han sido retos técnicos, culturales, de experiencia… pero sobre todo, desafíos relacionados con las habilidades blandas: comunicación, gestión emocional, liderazgo empático. Y muchos de esos retos, honestamente, me los he puesto yo misma.

A lo largo de mi carrera he tenido la suerte de cruzarme con personas extraordinarias que me han impulsado, retado y acompañado. Pero también he aprendido que para superar cualquier obstáculo, primero tienes que visualizarte superándolo. Trabajar tu diálogo interno, cuidar cómo te hablas, y sobre todo, no sabotearte. Nunca, jamás, ponerte el pie a ti misma.

Durante años lidié con el síndrome del impostor —y sí, a veces todavía aparece—. Es silencioso, pero poderoso. Te hace dudar justo cuando deberías avanzar. Y ahí entendí algo clave: tienes que convertirte en tu mayor fan. Prepararte, formarte, rodearte bien… y cuando llegue ese momento, esa “puerta” que se abre, lanzarte sin mirar atrás.

Las oportunidades siempre llegan. El verdadero reto es reconocerlas, confiar en ti, y tener el coraje de atravesarlas justo cuando se presentan.

¿Qué cambios crees que aún son necesarios para promover la igualdad de género en tu industria o ámbito?

Afortunadamente, en mi industria he sido testigo de avances significativos. He tenido el privilegio de trabajar junto a mujeres brillantes, con una presencia poderosa y una capacidad de liderazgo que inspira. También he colaborado con hombres que no solo reconocen ese talento, sino que lo impulsan activamente, abriendo espacios y dando visibilidad a quienes realmente lo merecen. Para mí, eso es el verdadero trabajo en equipo: cuando el reconocimiento no entiende de género, sino de valor.

Actualmente estoy en una empresa donde la cultura es sorprendentemente inclusiva. Hay figuras femeninas que lideran con fuerza, autenticidad y visión, y también hombres que entienden que el progreso real se construye desde la meritocracia, no desde los privilegios. Es un entorno donde el talento se reconoce, se impulsa y se celebra, sin importar de dónde venga. Y eso marca la diferencia.

Ahora bien, si ampliamos la mirada al sector en general y al contexto en España, todavía hay aspectos que deben evolucionar. El más urgente: que las oportunidades se ofrezcan por mérito, no por género, edad o nacionalidad. Aunque parezca evidente, no siempre ocurre. En algunos entornos, el amiguismo sigue pesando más que la meritocracia, y eso frena el progreso real y perpetúa desigualdades silenciosas.

Las empresas deben ser radicalmente transparentes. No solo al seleccionar talento, sino también al desarrollarlo. Es fundamental preparar a todos los equipos por igual, ofrecer acceso a formación, mentoría y visibilidad. Porque la igualdad no se logra únicamente contratando mujeres: se construye en cómo se lidera, en cómo se escucha, en cómo se reconoce el potencial de cada persona.

Hoy veo muchos equipos mixtos y cada vez más mujeres en posiciones de responsabilidad. Eso me llena de esperanza. Pero el objetivo no es solo equilibrar cifras: es crear culturas donde todas las personas puedan crecer sin tener que demostrar el doble para ser vistas. Culturas donde el talento no tenga que pedir permiso para brillar.

¿Qué consejo le darías a las mujeres jóvenes que aspiran a ocupar cargos de liderazgo en el futuro?

Mi consejo es claro: trabaja con excelencia, con intención y con pasión. Sé meticulosa, cuida los detalles, pero no te pierdas en ellos. Ponte objetivos ambiciosos, visualízate alcanzándolos y no dejes que nadie —ni siquiera tú misma— te convenza de que no puedes.

Somos capaces de todo lo que nos propongamos, pero no basta con soñarlo: hay que construirlo, paso a paso, con disciplina, con coraje y con confianza. El liderazgo no es una meta lejana, es una actitud que se cultiva cada día. Y empieza por creer en ti, incluso cuando nadie más lo haga.

Rodéate de personas que te impulsen, aprende de cada experiencia, y nunca tengas miedo de levantar la mano, de tomar la palabra, de ocupar tu espacio. Porque no se trata solo de llegar, sino de llegar siendo tú misma, con tu voz, tu visión y tu autenticidad intactas.

¿Puedes compartir alguna experiencia en la que hayas tenido que tomar una decisión difícil y cómo la enfrentaste?

Las decisiones más difíciles en mi carrera no han sido técnicas ni estratégicas: han sido personales. Cada vez que he decidido cambiar de rumbo, asumir un nuevo reto profesional o salir de una zona de confort, he tenido que enfrentarme a un torbellino de emociones: miedo, incertidumbre, ansiedad… y también ilusión.

En cada empresa en la que he estado, ha llegado ese momento en el que sentí que debía dar el siguiente paso. Y aunque el cambio siempre trae vértigo, también trae crecimiento. Aprendí que no hay que temerle a los cambios buenos, porque son los que te empujan a evolucionar, a descubrir nuevas versiones de ti misma, a ampliar tu impacto.

La clave para mí ha sido escucharme con honestidad, rodearme de personas que me reten y me apoyen, y confiar en que, aunque el camino no siempre esté claro, el movimiento siempre trae aprendizaje. Hoy miro atrás y veo que cada una de esas decisiones difíciles fue, en realidad, una puerta hacia algo mejor.

¿Qué papel juegan la empatía y la colaboración en tu estilo de liderazgo?

La empatía y la colaboración no son solo ingredientes de mi estilo de liderazgo: son su base. Como mencioné antes, siempre he valorado profundamente a quienes se tomaban el tiempo de explicarme, de acompañarme, de soltarme justo cuando estaba lista. Esa forma de cuidar, de confiar, de construir juntos… es exactamente lo que intento replicar con mi equipo.

Creo firmemente que liderar no es imponer, es escuchar. Es entender lo que cada persona necesita para crecer, para brillar, para sentirse parte de algo más grande. La empatía me permite conectar con las personas más allá de los objetivos; la colaboración, construir soluciones que no podrían surgir de una sola mente.

Me involucro al máximo, no solo en los resultados, sino en las personas. Me gusta crear espacios donde todos se sientan seguros para aportar, para equivocarse, para aprender. Porque cuando hay confianza, respeto y propósito compartido, el talento florece. Y eso, para mí, es liderazgo en su forma más poderosa.

Tener una posición de poder no te hace automáticamente exitosa

¿Qué logros de los que te sientes más orgullosa destacarías en tu carrera?

Si hay algo que me llena de orgullo es saber que, en cada equipo en el que he trabajado, he dejado una huella. No solo en los resultados, sino en las personas. He impulsado proyectos que crecieron más allá de lo esperado, he reforzado equipos que hoy funcionan con autonomía y confianza, y he contribuido a construir culturas de trabajo donde el talento se siente valorado y escuchado.

Me siento especialmente orgullosa de haber sido ese punto de conexión entre estrategia y ejecución, entre datos y creatividad, entre visión y acción. Pero sobre todo, de haber sido parte del crecimiento de otros: ver cómo alguien que empezó tímido en una reunión hoy lidera con seguridad, o cómo una idea que parecía pequeña se convirtió en un caso de éxito… eso no tiene precio.

Para mí, el verdadero logro no está solo en los números o en los reconocimientos, sino en saber que dejé algo mejor de lo que encontré. Que fui parte del cambio. Que sumé.

¿Qué recursos o apoyos consideras fundamentales para que más mujeres puedan alcanzar posiciones de poder?

Lo primero es quererlo. Porque cuando una mujer decide ir a por algo, lo hace con una determinación que mueve montañas. Pero ese deseo tiene que ir acompañado de herramientas: formación constante, escucha activa, mantenerse actualizada, participar en espacios donde se comparta conocimiento y se construyan redes. Todo eso suma. Todo eso empodera.

También es importante entender que el éxito no tiene una sola forma. Tener una posición de poder no te hace automáticamente exitosa. Puedes serlo trabajando en lo que te apasiona, en lo que te hace sentir valiosa, plena y auténtica. El verdadero poder está en elegir tu camino y recorrerlo con convicción.

Y algo que nunca hay que olvidar: el poder de la mujer no viene solo de los títulos o los cargos. Viene de nuestra capacidad de hacer las cosas bien, de cuidar mientras lideramos, de pensar en colectivo, de crear impacto desde cualquier lugar. Somos asombrosas en todo lo que hacemos, y cuando nos lo creemos, no hay techo que nos limite.