¿Cómo surgió la idea?
Cuando empezamos, en seguida caímos en un razonamiento tan obvio como necesario: no tiene sentido pensar en las personas con discapacidad como en un colectivo uniforme, hay tantos tipos de personas como discapacidades y capacidades. Partiendo de esa premisa y tirando del hilo, intentamos centrar el discurso: todos merecemos estar libres de etiquetas, ser tomados en cuenta por lo que somos, no por nuestras capacidades o discapacidades. Las etiquetas nos hacen más pequeñitos, nos acomplejan, no nos dejan ser nosotros mismos y en ocasiones esto se acentúa enormemente en personas con alguna discapacidad.
Queríamos verbalizarlo de una forma positiva, que subiese el ánimo y sobre todo que inspirase: Libres para ser como somos, libres de estereotipos. Creemos que el mensaje es tan potente y ha calado tanto, porque no es exclusivo (aunque si mucho más necesario) para personas con discapacidad, es válido y esencial para toda la sociedad.
El concepto en sí mismo parece también un objetivo…
Pretende ser un canto a la diversidad. Celebrar lo que somos.
¿Los protagonistas son personas reales?
Sí. Son ellos los que le dan sentido real y lo hacen mucho más grande. Cuando les conocimos nos dimos cuenta verdaderamente de la potencia del mensaje; ellos sí que están libres de estereotipos, ojalá todos pudiéramos vivir así.
Trabajar con ellos fue una experiencia inolvidable. Queremos dar las gracias a la Fundación Juan XXIII por darnos esta oportunidad y sobre todo, por toda la labor que hacen desde hace más de 50 años apoyando a las personas con discapacidad. Gracias de corazón.