Los españoles desconfían del uso de sus datos

Vivimos en una sociedad donde cada clic, cada búsqueda y cada interacción digital deja una huella. En este contexto, Redegal ha querido analizar cuánto ha crecido esa huella digital en los últimos años en España y, sobre todo, cómo se sienten las personas respecto al uso de sus datos por parte de las empresas. ¿Están dispuestas a compartir información personal? ¿Qué esperan recibir a cambio? ¿Confían realmente en las marcas? 

A tal efecto, la compañía ha realizado el estudio Somos datos con el objetivo de comprender mejor la relación entre usuarios y marcas en torno a la gestión de la información personal.  El estudio, realizado mediante una encuesta a 1000 consumidores de diferentes edades y perfiles, revela que el volumen de datos que una persona genera hoy no tiene comparación con el de hace una década. 

Casi el 60% de los participantes afirma navegar más de tres horas al día, y más del 55% lo hace principalmente desde el móvil, lo que demuestra que la generación de datos es constante y móvil. Esta realidad abre una oportunidad enorme para las marcas, conocer mejor a sus clientes y anticiparse a sus necesidades, pero también plantea un reto igual de grande: usar esos datos de forma ética, transparente y útil. 

Uno de los hallazgos más significativos del estudio es la contradicción entre el conocimiento y la confianza. Aunque el 78,5% de los encuestados sabe qué son las cookies, sólo el 14,30% se siente algo cómodo compartiendo datos personales en internet. 

El 46% de los usuarios declara no confiar en absoluto en que las empresas protejan su información, y solo un 7,6% expresa plena confianza. Esta brecha en la percepción de seguridad se consolida como uno de los principales obstáculos para avanzar hacia modelos de personalización más sofisticados.

A pesar de esa desconfianza, los usuarios reconocen los beneficios de un uso responsable e inteligente de los datos. El 28,4% valora las experiencias personalizadas, mientras que un 22,6% destaca los descuentos y promociones como incentivos clave. Más de la mitad (58,7%) percibe que los anuncios que recibe están adaptados a sus intereses. 

Sin embargo, solo el 15,7% declara que le gusta recibir publicidad personalizada de forma habitual, y un 52,2% la acepta sólo en parte, aunque con cierta preocupación por su privacidad. 

“Existe una paradoja: las personas disfrutan de experiencias personalizadas, pero no se sienten del todo cómodas con los mecanismos que las hacen posibles. El verdadero valor del dato no está en su volumen, sino en cómo se gestiona y se transforma en valor para el usuario”, afirma Javier Castiñeiras, Chief Digital Officer en Redegal. 

El estudio también muestra que los consumidores esperan un beneficio claro a cambio de sus datos. El 42,60% no quiere que las empresas usen sus datos. Mientras que, el 11,3% quiere que se utilicen para mejorar productos y servicios, el 26,6% para promociones personalizadas, y el 19,5% espera que sirvan para mejorar su experiencia de compra. 

Además, el 51,3% afirma que estaría dispuesto a compartir más datos en el futuro si eso implica recibir mejores experiencias y ofertas personalizadas, siempre que entiendan cómo se van a utilizar. 

Más de la mitad de los encuestados (57,1%) considera que algunas empresas sí están aprovechando bien los datos, pero solo el 19% cree que la mayoría lo está haciendo correctamente. Este dato pone de manifiesto una gran oportunidad de diferenciación para las marcas que apuesten por una estrategia transparente y centrada en el cliente. 

Por sectores, los consumidores identifican la banca y los seguros (29,8%) como los que mejor utilizan los datos para ofrecer experiencias personalizadas, seguido del retail (moda, tecnología, supermercados) con un 27%. En cambio, turismo, salud y otros sectores aún presentan un amplio margen de mejora. 

El informe “Somos datos” pone sobre la mesa una verdad ineludible: las personas generan más información que nunca, pero eso no significa que estén dispuestas a compartirla sin condiciones. La clave está en el valor percibido. Si los consumidores sienten que sus datos se usan para mejorar su experiencia, su confianza y disposición aumentan. Pero si detectan prácticas invasivas o poco transparentes, la relación se resiente.