Los juicios de telediario son, probablemente, los más crueles a los que puede enfrentarse un personaje público. La gravedad de la noticia, unida a un largo periodo de sufrimiento personal y escarnio público, deja al protagonista indefenso ante una opinión pública más despiadada que nunca, amplificada por la brutalidad con la que se expresan hoy en día las redes sociales.
¿Y ahora, cuál es la solución? Ana Duato, una de las actrices más queridas y reconocidas de nuestro país durante más de una década gracias a una carrera construida sobre el mérito y el éxito televisivo ve su imagen pública seriamente dañada por un proceso que ha escapado a su control. ¿Se compensará públicamente el daño recibido?
¿Cuántos contratos habrán dejado de llegar a su mesa? ¿Cuántas oportunidades perdidas para una intérprete que, tras años de procesos judiciales, ha salido absuelta en relación con Hacienda, pero no en lo que respecta al daño a su reputación y, por tanto, a su carrera profesional?
Según un estudio de Personality Media, firma especializada en el análisis de la imagen de personajes públicos, durante la primera y segunda década de los 2000 Ana Duato era conocida por más del 90% de la población, con una percepción impecable: en 2014, el 73% de los consumidores le otorgaba una puntuación entre notable y sobresaliente en el atributo de "Confianza", mientras que apenas un 5% manifestaba rechazo. Estos datos la situaban entre las cinco actrices que más confianza generaban en el mercado español.
A mediados de 2015 estalla el escándalo de los llamados "Papeles de Panamá", en el que su nombre aparece mencionado. Su imagen se resiente: ese mismo año su valoración cae cerca de un 30%, pasando de una media de 7,4 a 5,3. O lo que es lo mismo, un 34% de los consumidores convierte en negativa toda la percepción positiva construida durante años.
Durante los años siguientes, su imagen intenta recuperarse gracias a su silencio y a la continuidad de su trabajo en televisión, pero en 2019 se reabre el caso Nummaria. Desde entonces, a pesar de que ha mantenido una actitud discreta y profesional, los datos de percepción no han vuelto a alcanzar aquellos niveles de 2014.
Alcanzar una alta notoriedad y ser una figura relevante es fruto de una larga carrera profesional. Pero construir una imagen sobre valores positivos requiere además un esfuerzo constante de coherencia y actitud frente a los medios y al público. Ana Duato, más allá de ser el rostro entrañable de una de las series más emblemáticas de nuestra televisión, ha cultivado durante años una trayectoria respetada dentro del mundo artístico.
¿Tendrá esta sentencia la misma repercusión que el juicio televisado que todos presenciamos? Posiblemente no. Y, una vez más, será su propio esfuerzo el que tendrá que dar la cara por su imagen.