"Ángel, nos dejó hace unos días y su imagen, su voz, su socarrón humor, su bonhomía, su amistad, ya habitarán tan sólo en la memoria.
Es difícil hablar del amigo ausente. Durante muchos años (nuestras vidas se cruzaron por primera vez en 1988) compartimos algo que parece tan utópico, y, sin embargo, puede ser tan real, como una fuerte amistad, que trascendió lo estrictamente personal para ampliarse familiarmente.
Se me antoja duro y difícil escoger qué decir en estos momentos. Más que las alabanzas genéricas, al uso en estos casos, creo en la realidad que cada uno hemos vivido con él.
Y, subjetivamente, como no podría ser de otra manera, pienso que Ángel, fue absolutamente poliédrico y, fundamentalmente, un gran conector: uno de los mayorees, si no del mayor, vinculador que yo he conocido.
Un tejedor de redes, cuya conexión principal siempre fue él mismo. Redes distintas entre sí, vinculadas de modo maestro, por una mente y un corazón amigos de anudar lazos para unir historias.
Leonés de Cistierna, educado en Bilbao y vecino de Madrid desde muy joven, siempre tuvo muy claras cuáles eran sus raíces. Vivió su vida como le gustaba jugar al mus: sin estridencias, sin querer ganar por aplastamiento. “En Madrid no sabéis jugar al mus, jugáis al órdago y así os va”, solía decir.
Insumergible profesionalmente, en lo personal fue una persona leal, con ese espíritu crítico que distingue la verdadera lealtad del servilismo, afectuoso sin alharacas y siempre dispuesto a echar una mano.
Cada uno de nosotros, estoy seguro, hablará de un Ángel distinto, que no obstante, será siempre el mismo Ángel; aquel con el que tanto quisimos, como diría Miguel Hernández.
Vaya desde aquí mi abrazo y el de María José para Montse y Guillermo, que han sido testigos de la mejor de las historias de Ángel".