'La televisión: donde la influencia se vuelve relevante'

Artículo de opinión en exclusiva para el Periódico PublicidAd de Marta Rojo, Head of Insights & Analytics en Atresmedia Publicidad. ¡No te lo pierdas!

Marta Rojo atresmedia 2026

"Hace unos días asistí a un foro sobre influencer marketing y salí con una sensación inesperada: estaba escuchando hablar de televisión. No en sentido literal, sino en los valores que siempre han definido al medio y que ahora ocupan el centro del discurso de la influencia digital: credibilidad, notoriedad, talento, seguridad de marca, integración publicitaria y capacidad de generar conversación.

Durante años, el marketing de influencia se explicó desde métricas básicas: likes, seguidores, visualizaciones, engagement. Hoy ha dejado de presentarse como un canal táctico o experimental para convertirse en una industria más profesionalizada, con ambición de ocupar un espacio relevante dentro del entretenimiento y la construcción de marca.

Ese cambio es positivo, el ecosistema digital madura y las marcas empiezan a exigir algo más que visibilidad rápida. Pero también plantea una reflexión incómoda. Si la influencia aspira ahora a parecerse a un medio creíble, seguro y capaz de construir marca, quizá conviene recordar que ese territorio no es nuevo. La televisión lleva décadas habitándolo.

Durante mucho tiempo, la televisión ha cargado con la etiqueta de “medio tradicional”, como si lo tradicional fuera sinónimo de agotado. Sin embargo, muchos nuevos entornos audiovisuales han acabado adoptando códigos televisivos: formatos reconocibles, eventos en directo, talento y contenido premium. Hablan de televisión, aunque no la nombren.

La palabra “influencer” ha dado a los creadores digitales una enorme ventaja narrativa: les ha permitido ocupar, desde el propio nombre, el territorio de la influencia. Pero la pregunta es más profunda: ¿sobre qué se influye realmente? ¿Sobre una compra inmediata, una comunidad, la percepción de una marca o la cultura popular?

No todas las formas de influencia son iguales. Generar un clic no es construir notoriedad. Provocar una reacción no equivale necesariamente a crear recuerdo. Activar una comunidad no significa, por sí solo, hacer grande a una marca. Esta distinción es esencial en un mercado que mide con precisión lo pequeño y, a veces, infravalora lo grande.

La televisión ha sido históricamente uno de los grandes motores de influencia social y publicitaria porque opera en otra escala. No se limita a conectar con comunidades concretas: reúne audiencias amplias y diversas, alrededor de contenidos compartidos. La televisión no solo alcanza: legitima. No solo muestra: contextualiza. No solo impacta: incorpora a las marcas a un espacio cultural reconocible.

Salir en televisión ha tenido siempre algo de sello de calidad. Para muchas marcas, aparecer en un gran formato, integrarse en un programa reconocido o asociarse a un presentador con credibilidad supone adquirir una capa adicional de confianza. Estar en televisión significa estar en un entorno relevante. Y esa relevancia se transfiere.

Quizá lo mencionamos poco porque lo damos por descontado. Hemos hablado tanto de cobertura, GRP, share o frecuencia, que dejamos en segundo plano algo más poderoso: la capacidad de la televisión para convertir una marca en parte de la conversación colectiva. Los rostros televisivos no son influencers por una biografía, sino porque millones de personas los conocen y les otorgan credibilidad y legitimidad.

Frente a ellos, muchos creadores digitales han desarrollado comunidades activas y valiosas. Pero afinidad, no equivale a relevancia masiva. Cercanía, no equivale a notoriedad. Y performance inmediato, no equivale a construcción de marca. La televisión no compite con los influencers: juega en la liga de la influencia, pero con escala, control, calidad y seguridad. Juega en la liga de la influencia relevante.

También conviene revisar otro prejuicio. La televisión suele ser juzgada con dureza por su modelo de interrupción publicitaria, pero el entorno digital no está libre de ello. Prerolls, midrolls, banners, formatos invasivos y mensajes comerciales integrados de forma más o menos explícita configuran una experiencia muchas veces más saturada. La diferencia es que la TV avisa, separa, regula y protege al espectador.

En paralelo, emerge otra cuestión clave: la calidad de la atención. Buena parte del consumo en redes sociales responde a una lógica de velocidad: piezas breves, simultáneas, fragmentadas, casi automáticas. Ese “speed watching” plantea una pregunta relevante para las marcas: ¿qué queda después del impacto? En una economía saturada, no basta con aparecer. Hay que ser recordado.

A esta reflexión se suma la irrupción de los modelos LLM. Si cambian el tráfico web, la búsqueda y el performance, la pregunta ya no será solo cómo captar un clic, sino cómo ser recomendado desde lenguajes que priorizan la confianza, la veracidad o la reputación.

Quizá el gran reto de la televisión no sea demostrar que sigue siendo relevante, sino recuperar el control de su propio relato. No deberíamos hablar solo de audiencias, sino de comunidades masivas. No solo de programas, sino de plataformas de contenido. No solo de brand safety, sino de Safe Influence.

Porque la televisión no es simplemente un soporte publicitario. Es un espacio de legitimidad. En un momento en el que todo el mercado busca influencia, conviene recordar al único medio que ofrece una influencia verdaderamente relevante".