"Clics, visualizaciones, impactos e impresiones. Más clics, más visualizaciones, más impactos, más impresiones. Más, más, más. Y un reporte con flechas hacia arriba. Datos positivos, vengan de donde vengan. El dato como líder supremo al que se somete la creatividad y, peor aún, la estrategia. Las métricas se apilan como ladrillos de una torre que llega hasta donde alcanza la vista, pero sin mirar la firmeza del suelo.
En este escenario evocamos un recuerdo: aquel día que estuviste frente una idea formidable y lo sentiste. ¿Hace mucho? ¿Demasiado?
Hay campañas funcionales y otras que trascienden y transforman. Y el objetivo de estas segundas, las relevantes, va mucho más allá del premio o ranking: dejar una huella indeleble.
En un mundo saturado de "one shots" (esas campañas efímeras que brillan un momento y desaparecen), este perro-globo de Annie Bonnie flota por encima del ruido. Porque en la era del trend, se confunde lo que está de moda; con lo que trasciende, con lo que verdaderamente permea en el consumidor. Decía Henry Ford que si hubiera seguido los deseos de la gente habría añadido más caballos a los carruajes. Lo mismo pasa hoy con la publicidad: cuando las métricas dicen que algo funciona le añadimos más caballos, de modo que nos convertimos en optimizadores de likes y shares en lugar de creadores de conceptos, propósitos y marcas.
Las buenas campañas no nacen del miedo a perder eficacia, sino del deseo de construir algo duradero. Por eso estrategia y creatividad van de la mano. No como departamentos aislados ni como piezas de un puzle que se encajan en un pitch. La estrategia inspira la creatividad, y la creatividad da cuerpo a la estrategia. Así se construyen proyectos de marca holísticos, donde la promesa de marca no solo se dice: se ve, se siente, se escucha y se percibe en cada touchpoint.
Y para muestra un botón: salgamos a la calle y preguntemos a cualquiera por campañas que recuerda del año pasado. Muy pocas estarán protagonizadas por influencers, difícilmente alguna citará un viral, y todas tendrán un elemento tan obvio como común: algo memorable. Guau... pero cierto. A saber, una canción, un insight, una ilustración, una frase o una imagen que se pega como una canción de verano. Porque lo memorable no está de moda, lo viral sí. Lo viral caduca en cuanto aparece otro shot igual o mejor. Lo memorable impregna porque no compite, es irrepetible.
En este entorno, en el que las agencias independientes cada vez ganamos más cuota, el reto publicitario no consiste en elegir, sino en combinar flexibilidad y libertad. Es usar la potencia de digital para amplificar ideas poderosas, no para validar decisiones y conseguir reports en verde. Porque cuando la creatividad es buena y la estrategia es sólida, digital es un trampolín, no un colchón.
POR TODOS LOS GUAU DEL AÑO es eso: una forma de homenajear lo que no entra en un Excel, pero sí en la memoria colectiva que, finalmente, se refleja en PyGs. Campañas que construyen cultura de marca, no solo notoriedad temporal. Y nos recuerda también que las campañas verdaderamente eficaces son aquellas que nos hacen sentir algo, y ese algo tiene muchas formas: ternura, alegría, nostalgia, rabia, reconocimiento. En un mundo en el que una persona tiene múltiples personalidades en digital según la hora o plataforma en la que esté, la representatividad y la diversidad no son un valor añadido, son el punto de partida y una jugosa oportunidad de negocio. Es por ello que necesitamos menos campañas con premio y más campañas con creatividad y estrategia unidas por innovación a medida. Menos obsesión por la métrica y más foco en el impacto real. Menos caballos. Más motores.
Desde Annie Bonnie aplaudimos, de pie, a todas esas ideas que nos sacaron (y sacarán) un “guau” este año. Por los equipos que se atreven a pensar más allá. Por las marcas que entienden que ser relevantes no es lo mismo que ser visibles. Por las campañas que no se limitan a seguir la conversación, sino que la inician. Y por los que experimentan hasta la extenuación.
Porque la publicidad con mayúsculas y la comunicación que de verdad importa, empieza con algo tan simple y complejo como una buena idea. Y muchas veces, esa idea primigenia no tiene forma de gráfico ascendente, influencer o viral, tiene forma de globo rojo con orejas de perro".