"Cuando surgen artículos de temática libre como es el caso de este especial agencias, lo difícil es encontrar un tema. Lo admito, lo más tentador en estos días es pedirle a ChatGPT que te ayude. Pero en esta ocasión quería escribir sobre algo más humano, una reflexión. Igual queda lejos de la IA, de las tendencias y de lo que está por venir, pero hablemos de algo que la inteligencia artificial no puede hacer, darse un paseo y observar la publicidad de siempre.
Soy de ese tipo de personas a las que nunca les interesó demasiado el colegio Conocimiento del Medio, Geografía ni nada que ver con la naturaleza. La hoja caduca, la hoja perecedera… pereza más bien. Siempre fui muy de letras… tanto es así que convertí mi hobby, escribir, en mi trabajo, redactora publicitaria. Una suerte si me preguntáis.
Lo que no me esperaba a estas alturas de la vida era que mi trabajo dependiera de una encina. (He dicho encina por decir algo, porque como os comentaba, yo ni idea de árboles). Sé lo básico: tienen ramas, hojas y tapan las lonas de publicidad.
Si estás leyendo esto es porque, una de dos, o eres mi madre (hola mami) o eres del team que va fijándose en la publi que ve por la calle. Si eres de los segundos estoy segura que también te ha dado mucha rabia ver que las enormes ramas de un árbol han tapado el trabajo de tantas semanas de un creativo.
Sé que sabéis el proceso creativo pero, un resumen para los que no. Llega un brief, con él un plan de medios, ¡una lona enorme!, emoción, nervios, horas peloteando pensando cómo ser más creativo y más gracioso que los demás. Presentáis al cliente. Feedback. Un par de vueltas. Algunos cambios. El cliente incluso propone una frase. Ignoramos. Seguimos. Un par de cientos de cambios más y… ¡tachaaaan! La lona perfecta.
Lo que no venía en el brief era que esa lona iba a estar detrás de un precioso y frondoso árbol que iba a tapar la mitad del texto y que no se iba a entender nada.
Y no seré yo quien esté en contra de los árboles, me encantan y creo que las ciudades deberían tener aún más, pero es irónico que el trabajo de un publicista dependa también de la caprichosa naturaleza.
Y señores y señoras, hoy es un árbol, pero he llegado a ir a una estación madrileña para ver una lona escrita por mí que estaba tapada por una enorme máquina de obra. Nuestros copys no están a salvo. Y lanzo la pregunta, ¿a ti qué te ha tapado una lona?".