'La publicidad exterior que dejó huella'

María Ángeles Varvaró, especialista en publicidad exterior, presenta un artículo en exclusiva para el Periódico PublicidAD en el cual analiza la historia de la publicidad exterior. ¡No te lo pierdas!

Foto de María Ángeles Varvaró 2025

"En la historia de la publicidad exterior, siempre ha existido una obsesión constante: comunicar en la calle. Antes de la tecnología actual, la calle ya era el mayor medio de comunicación  posible. Un espacio vivo que podía llegar a cualquier parte sin necesidad de conexión ni  algoritmo.  

Entre las muchas curiosidades que han marcado este medio, hay una especialmente  sorprendente y poco conocida: la que tiene que ver con los neumáticos. 

A comienzos del siglo XX, cuando los caminos aún eran de tierra, la huella que dejaban las  ruedas en el suelo se convirtió, de forma casi accidental, en un soporte publicitario inesperado,  demostrando una vez más la capacidad del medio exterior para reinventarse y dejar huella,  literal y metafóricamente, en el camino. 

El descubrimiento que revolucionó la automoción 

Todo comenzó en 1839, con el descubrimiento de la vulcanización por parte de Charles  Goodyear, fruto de la combustión del caucho líquido con azufre. El resultado fue el caucho  sólido, un material duro pero flexible. En un principio se usó en el calzado, por ser impermeable  y aislante, pero con el tiempo se aplicó a las bicicletas y, más tarde, a los primeros carruajes sin  caballos, que algunos empezaban a llamar automóviles. 

Goodyear fue el primero, pero luego llegaron competidores con procesos similares como Thomas Hancock que, con una ligera variante, lo registró en el Reino Unido. Después le  siguieron empresas como Michelin, Firestone, Pirelli, Continental, BFGoodrich o Bridgestone.

A finales del siglo XIX, con la expansión del automóvil, el neumático se convirtió en un  componente clave. En 1895, los hermanos André y Édouard Michelin crearon el primer  neumático desmontable para coche, consolidando su papel como pioneros. Poco después, en  1900, el estadounidense Harvey S. Firestone fundó su compañía en Akron (Ohio) y se asoció  con Henry Ford, suministrando los neumáticos para el legendario Model T. Su colaboración  marcó el inicio de la producción masiva y la popularización del automóvil. 

El nacimiento de un nuevo soporte de publicidad exterior 

Los primeros neumáticos eran de cobertura lisa y redondeada, lo que provocaba que los  vehículos volcasen con facilidad a cierta velocidad, ya que no se adherían bien a la carretera.  Para solucionarlo, surgieron diferentes innovaciones, como la banda de rodadura plana,  impulsada por la alemana Continental. Poco después, Dunlop dio un paso más e introdujo  surcos en la rueda para mejorar la adherencia. Al principio eran simples estrías transversales,  pero pronto el ingenio llevó a transformarlas en logos o caracteres que servían para diferenciar  la marca.  

Firestone fue un paso más allá al grabar en la banda de rodadura el texto “NON-SKID” (no  derrapa, no se desliza), escrito en mayúsculas mediante franjas diagonales y paralelas. 

Así, los suelos blandos y húmedos se convirtieron en un inesperado soporte publicitario para la  industria del neumático.

El hecho de dejar mensajes impresos por kilómetros era un recurso publicitario novedoso y  único en su tiempo, y parte de una tendencia donde el neumático no solo era un producto  funcional, sino también un soporte para la marca. Esta técnica convertía cada trayecto en una  campaña itinerante, asegurando visibilidad y recuerdo de marca entre los usuarios del camino. 

Las marcas competían sin tregua por estampar más tramos de calle con su mensaje. 

Este ingenioso sistema publicitario llegó incluso a utilizarse en las elecciones presidenciales de  1904 en Estados Unidos para promocionar a los candidatos Parker y Roosevelt. 

También en España surgieron ideas muy similares. No solo se escribieron mensajes en la arena  de las plazas de toros y de los campos de fútbol, en 1925 apareció un curioso invento conocido  como “publicidad circulante”, que permitía grabar mensajes en el suelo mediante un sencillo  sistema mecánico. La idea, procedente de Francia, intentó patentarse en Madrid por aquellos  años como una nueva forma de hacer publicidad efímera y sorprendente. 

La innovación es parte del camino 

Pocas industrias han experimentado tanta investigación y reinvención como la del neumático.  Aquellos primeros modelos poco tenían que ver con los actuales: eran frágiles, pesados y de  escasa adherencia, pero su continua evolución técnica sentó las bases de una industria que,  desde entonces, no ha dejado de innovar ni de avanzar. 

La publicidad exterior también demuestra que la tecnología no es exclusiva de nuestra era:  siempre ha estado presente, adaptada a los recursos y posibilidades de cada momento. Desde  aquellas huellas impresas en caminos hasta hoy, el medio exterior ha sabido evolucionar sin  perder su objetivo: atraer la mirada, sorprender y conectar con quien se desplaza. Cuesta  imaginar cómo se vivió la huella del neumático en su tiempo, pero sin duda fue una de las  formas más originales, ingeniosas e inesperadas que ha conocido la historia publicitaria".