"Sociedad compleja, publicidad compleja: la era de la sofisticación social"

Pablo Berraondo, CSO de Beyup by GEOQ y miembro del Club de Expertos en Publicidad Programática, analiza cómo la 'sofisticación social' redefine el panorama publicitario, obligando a marcas y agencias a dejar atrás las fórmulas rígidas y abrazar una comunicación más dinámica, contextual y humana. Un viaje imprescindible hacia el futuro de la industria.
Pablo Berraondo Fraile
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¿Te has parado a pensar lo rápido que cambia la sociedad? Hace apenas unos años, fumar era símbolo de estatus, ligar era un arte cara a cara y los bancos eran templos del ahorro. Hoy, nada de eso funciona igual. Las costumbres mutan a un ritmo frenético, las generaciones conviven mezclando valores opuestos y, por si fuera poco, vivimos entre dos mundos: el digital y el físico.

Bienvenidos a la era de la sofisticación social, un escenario que revoluciona no solo nuestra manera de vivir, sino también la forma en la que la publicidad tiene que entendernos y hablarnos.

¿Qué es la sofisticación social?

Nos ha tocado vivir una época de la historia donde la sociedad se caracteriza por:

  • Hábitos cambiantes y difíciles de prever.
  • Influenciable, pero, al mismo tiempo, escéptica.
  • Seis generaciones coexistiendo en un mismo momento histórico y dominado por el hecho digital.
  • Hiperestimulada, donde cuesta enfocar la atención y mantener el interés.

Además, la tecnología ya no es solo una herramienta, es una extensión de nuestra identidad y un generador de recompensas. La vida online y offline se solapan, generando patrones de comportamiento imprevisibles. Y esto, claro, convierte al consumidor en un perfil mucho más difícil de atrapar y comprender.

En definitiva, vivimos una paradoja: nunca hubo tanta información sobre nosotros, pero nunca fue tan complicado descifrarnos.

Menos datos, más contexto

¿Cómo afecta esta complejidad a la publicidad?

Durante años, la publicidad se basó en fórmulas relativamente sencillas: segmentar por edad, género, intereses y ubicación. Pero esa lógica ha quedado obsoleta frente a una sociedad líquida que cambia de gustos, valores y hábitos en cuestión de semanas.

Ahora, la publicidad se enfrenta a retos como:

  • Decisiones de compra no lineales: investigamos online, compramos offline, volvemos a revisar opiniones digitales y quizás devolvemos el producto en tienda.
  • Audiencias imposibles de encasillar: ya no basta con decir “hombres de 30 a 40 años”. ¿Qué vida llevan? ¿Qué situaciones personales atraviesan? ¿Cómo se relacionan en sus entornos digitales y físicos?
  • Mensajes que caducan rápido: lo que impacta hoy puede aburrir mañana. La fecha de caducidad de las experiencias publicitarias es cada vez más corta.

Y mientras tanto, los algoritmos intentan predecirnos, pero sin el contexto humano, social y cultural, se quedan a medio camino.

Doble vida, doble desafío

La sociedad actual no solo es compleja por sus cambios rápidos, sino porque cada uno de nosotros lleva dos vidas paralelas:

  • Una vida analógica, que sigue existiendo en nuestras relaciones, trabajo, ocio y consumo físico.
  • Y una vida digital, más dispersa, saturada de estímulos y muchas veces aspiracional.

¿El problema? Que la mayoría de las estrategias publicitarias siguen tratando de impactar en una sola de esas vidas. Y el consumidor real no funciona así. Si la publicidad quiere ser relevante hoy, debe entender cómo esas dos vidas se cruzan y qué lugar ocupa cada marca en ese cruce.

La publicidad no solo tiene que impactar, ahora tiene que comprender

¿Qué pide esta sofisticación social a las marcas y agencias?

Menos datos, más contexto: no basta con saber que alguien visita tu web. ¿En qué momento vital está? ¿Qué emociones lo mueven? ¿Qué ocurre fuera de pantalla?

  • Segmentaciones vivas y dinámicas: olvida los targets rígidos. Ahora se trata de detectar patrones de comportamiento cambiantes y adaptar los mensajes casi en tiempo real.
  • Conectar mundos: digital y físico deben dejar de ser silos. Lo importante es entender el viaje completo del consumidor y acompañarlo en cada etapa, sin perder su atención.

El reto (y la oportunidad)

La publicidad del futuro no será para los que mejor optimicen sus anuncios digitales, sino para quienes logren interpretar la complejidad social que nos define hoy. Para las marcas, esto abre un campo inmenso de posibilidades: conocer mejor a las personas, adelantarse a sus cambios y construir vínculos más auténticos.

Seis generaciones conviviendo, una sociedad imposible de etiquetar. Nunca antes en la historia habían coexistido seis generaciones distintas compartiendo el mismo espacio y tiempo. Personas nacidas desde los años 40 hasta los 2010 hoy se cruzan, conviven y consumen en el mismo mercado. Cada una con sus valores, costumbres, expectativas y maneras de habitar el mundo. Desde quienes aún prefieren el efectivo y la tienda de barrio hasta los que no conciben comprar sin antes ver una review en TikTok.

¿La consecuencia? Una sociedad profundamente compleja, cambiante y fragmentada, donde los patrones de comportamiento se multiplican y evolucionan a una velocidad que desafía incluso a los algoritmos más avanzados. En este contexto, la publicidad no solo tiene que impactar. Ahora tiene que comprender. Porque si el consumidor se ha vuelto más complejo, la publicidad también debe volverse más inteligente, más humana y, sobre todo, más atenta a lo que pasa fuera del algoritmo. Vivimos tiempos de sofisticación social extrema. No solo porque nuestras costumbres cambian rápido, sino porque conviven en paralelo:

  • Personas que crecieron enviando cartas y personas que no saben lo que es un SMS.
  • Modelos de vida centrados en la estabilidad y otros que apuestan por la flexibilidad total.
  • Consumidores fieles a marcas de toda la vida y otros que buscan experimentar constantemente.

Todo esto ocurre a la vez, y muchas veces, bajo un mismo techo. Familias con abuelos, padres e hijos que consumen, opinan e interactúan con las marcas de formas radicalmente distintas. La publicidad se enfrenta así a un desafío sin precedentes: ¿cómo hablarle a una sociedad que no solo piensa diferente, sino que convive con sus propios opuestos? Hoy coexisten:

  • Generación del silencio: Valoran la seguridad, la cercanía y la compra presencial.
  • Baby Boomers: Leales a marcas históricas, pero abiertos al mundo digital si aporta comodidad.
  • Generación X: La bisagra entre lo analógico y lo digital, exigentes y racionales en sus decisiones.
  • Millennials: Buscan experiencias, propósito de marca y flexibilidad.
  • Generación Z: Viven entre lo físico y digital sin fronteras claras. Rechazan lo forzado y premian la autenticidad.
  • Generación Alfa: Nativos digitales desde la cuna, pero aún influenciados por los valores de sus padres.

¿Y si además sumamos que los cambios sociales suceden cada vez más rápido? Las agencias no solo tienen que conocer a estas generaciones, sino entender que lo que hoy es tendencia mañana puede estar obsoleto. La sofisticación social no es un problema; es la gran pista que nos dice por dónde debe evolucionar la industria publicitaria. Y ante esta oportunidad se abre la publicidad etnográfica, nacida precisamente para dar solución a la industria publicitaria como consecuencia de  los complejos comportamientos sociales de nuestro tiempo.